Horacio Bernades suele realizar el balance anual de los estrenos argentinos de cada año.
Siempre, inevitablemente, realiza evaluaciones parciales y centradas en apenas un puñado de títulos.
Empecemos entonces, desde el principio.
Menciona que en 2018 hubo 217 estrenos. Y aunque es obvio entender que seguramente no los ha visto todos, en su nota, que habla de "una marca de calidad", apenas menciona 19. O sea, menos del 10 por ciento.
Dice que la cinematografía argentina de 2018 generó, entre operas primas, segundas y terceras películas y ficciones, entre 20 y 25 películas de gran nivel. Pero solo menciona por su nombre apenas 10, y de ellas solo se explaya brevemente sobre dos.
Dice que "Las olas", la película de Adrián Biniez es "extraordinaria", pero no le dedica más que ese calificativo y la deja subsumida a otras.
Para Bernades, 2018 fue "el año del documental" (dejemos de lado que desde hace ya unos años la producción documental argentina es mucho mejor que la de ficción: al menos parece que ahora lo descubrió), pero solo escribe de siete películas, entre las cuales parece que no podían dejar de faltar las de Pino Solanas -lejos, lo más flojo de su producción documental- y la de Carmen Guarini -que tampoco es de lo mejor de su trayectoria-.
Peores son las omisiones.
"El ángel" apenas es mencionada como la película que más entradas vendió. No hay ni siquiera menciones laterales ni a "Rojo" ni a "Barrefondo" ni a "El motoarrebatador" ni a "La cama", cuatro de las ficciones argentinas que se escaparon de la medianía (a cambio "El amor menos pensado" es mencionada dos veces). Entre los documentales, las omisiones son aún peores: para Bernades parece que no existieron "Un tigre arriba de la mesa", "Abalos, una historia de cinco hermanos", "Charco", "Los corroboradores", "Miró, las huellas del olvido", "Piazzolla, los años del tiburón", "Todo el año es navidad", "Fragmentos rebelados", "La intimidad", "No viajaré escondida" y mucho menos películas más pequeñas pero igualmente valiosas como "E il cibo va" o "Ser luthier", entre otras.
Las pretensiones de abarcarlo todo suelen chocar no solamente con las limitaciones de espacio, sino por sobre todo con las que el propio crítico suele tener. No admitirlas es por lo menos desafortunado, cuando no una falta ética para con los lectores. Eso, cuando no se trata de un intento de direccionar la mirada siempre hacia el mismo lado.
https://www.pagina12.com.ar/165402-una-marca-de-calidad-pese-a-las-politicas-oficiales
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